Guillermo Zarba, artista fundamental del Litoral

 Con la muerte de Guillermo Zarba, el panorama musical de la provincia pierde a un pianista que trasladó a su música su mirada y sentimiento sobre Entre Ríos. Nació en Gualeguaychú en 1935.

Entrerriano en el exilio porteño desde hace décadas, Juan Carlos Guillermo García ha sido parte de la diáspora entrerriana que caracterizó la dinámica poblacional de la provincia hasta comienzos del presente siglo.




Como muchos jóvenes, Guillermo Zarba –tal su nombre artístico- debió radicarse en la década del 50, en la ciudad puerto para formarse y buscar oportunidades laborales.

Sin embargo nunca olvidó su patria chica, Entre Ríos, a la que siempre llevó en su corazón y a la cual dedicó buena parte de su producción musical. Era pianista, compositor y arreglador. Tenía 85 años.

Pianista, compositor y arreglador, Zarba nació en Gualeguychú, en 1935, y pasó su infancia en Yuquerí, junto al río Uruguay, cerca de Concordia. Comenzó su actividad artística hace más de cuarenta años como solista en la provincia y en pequeños escenarios de Buenos Aires.

Su fallecimiento, el jueves pasado, enlutó y causó pesar en el panorama musical de la provincia, ya que era un referente reconocido por su trabajo. El pianista murió en el Sanatorio Güemes, donde estaba internado desde hacía varios días, a causa de una insuficiencia respiratoria.

A partir de su primera grabación en 1976, comenzó a actuar con formaciones instrumentales. A lo largo de su carrera se ha presentado en diversos escenarios de nuestro país y realizado giras en el exterior. Su reconocimiento le permitió presentarse en Brasil, Estados Unidos, y Europa.

Grabó y compartió escenario con artistas tales como Gerardo Gandini, Leo Maslíah, Hilda Herrera, Fabiana Galante, Jorge Navarro, Lilian Saba, Oscar Alem, Emilio de la Peña, Juan Falú, Jorge Marziali, Julio Pane, Néstor Marconi, Marcelo Nisinman, Rodolfo Sánchez, Lito Vitale, entre otros. También concretó arreglos de composiciones de Carlos Guastavino, Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Astor Piazzolla y Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

De decir pausado y grave, de hablar con las palabras justas y precisas, conservó -para sus paisanos de la provincia que lo conocieron- el gesto amable y la calidez de su bohonomía que desplegaba tanto en acciones como en la conversación sobre la música, la historia, las especies folklóricas argentinas, el tango. De ello fue profundo estudioso y dio cuenta en trabajos de investigación sobre el chamamé y la música del Litoral que lo acercaron al referente riograndense Renato Borghetti y a universidades de Brasil.

De su talento y de sus búsquedas quedan registros en dos proyectos de largo aliento en los cuales trabajó con esmero y constancia en sus últimos años: «Los Tiempos de Agua», que le llevó dos décadas de trabajo y presentó en 2016, y “Sangre adentro”, que dio a conocer en 2019.

En "Sangre adentro", su trabajo final presentó con contundencia su aporte a una línea de trabajo dentro del panorama de la música folklórica argentina. Una línea que enlaza a nombres en una cadena de luminosos eslabones, como Ariel Ramírez, Remo Pignoni, Hilda Herrera. En ese equipo puede ubicarse con justicia a Guillermo Zarba.

Zarba recordaba que “me crié en el norte de Entre Ríos, ahí predomina el chamamé. Pero además de eso, hay cuestiones de lenguaje. Se nota cuando una persona es del litoral. Y hay afectos que se extienden entre provincias e incluso entre países, porque con los uruguayos tenemos una excelente comunión”.

El entrerriano (así también llamó a uno de sus álbumes) nacido en Gualeguaychú, no cultivó una mirada tradicionalista sino desde que optó por la perspectiva de la proyección que se comenzó a vislumbrar con sus primeros álbumes, de mediados de la década del setenta.

Hace poco más de un lustro, cuando estaba terminando el documental de Los tiempos del agua (y en coincidencia con sus cuarenta años de carrera) así lo definía el poeta de Entre Ríos Juan Manuel Alfaro: “Los entrerrianos llevamos una marca de agua. Llevamos esa marca indeleble. Somos los ríos que nos atraviesan y la memoria de esos ríos. Y su interminable novedad. A veces, alguien, un desprendimiento del agua, Guillermo Zarba, por ejemplo, dice esto mismo con la música o, mejor, hace que la música vaya diciéndonos, vaya haciéndose y haciéndonos de lo mismo que somos, pero llevándonos, dejándonos correr, fluir, paisaje a fondo, vida adentro, por ‘los tiempos del agua’, por el alma del agua donde el trino refleja a la calandria que calca la provincia con dos líneas de música que bajan por los ríos de Zarba”.

Fuente: R2820/El Diario/La Nación

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