Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el closet, de Nicolás Teté

 

De una infancia gay escuchando las canciones de Natalia Oreiro a un reencuentro adulto con sus padres en San Luis: en Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el closet, Nicolás Teté traza una fábula familiar, que aborda tanto la vida de provincia como las posibilidades de cambiar dolor por libertad. El director y los protagonistas hablan de la película que se acaba de estrenar en el Gaumont y en CineAr.



Cómo te llamás? ¿Cuántos años tenés? ¿Cuándo saliste del closet? Esa es la Santa Trinidad de las preguntas que nos hacemos dentro de la comunidad LGBT cada vez que conocemos a alguien nuevo. Las escenas de diálogo familiar en las que, con torpeza y dificultad, gritamos que somos lo que somos son constitutivas de lo queer; son una marca indeleble de nuestras vidas. En los últimos años, distintas series y películas como Please Like Me (Josh Thomas, 2013-16) y Love, Simon (Greg Berlanti, 2018) le dieron una vuelta de tuerca cómica a ese momento en la vida de jóvenes gays en Melbourne y en Atlanta, respectivamente. En Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el closet, Nicolás Teté lleva la historia a su Villa Mercedes natal, en San Luis, para contar una historia tan personal como universal.

La película, que se estrenó el jueves 12 de agosto en Argentina después de haber pasado por un circuito de doce festivales de cine queer, cuenta la historia de Manuel Lieto (Facundo Gambandé), un joven que dejó Villa Mercedes, San Luis, para estudiar Arquitectura en la Ciudad de Buenos Aires. La mudanza a la Capital es entendida por él más que nada como un pasaporte a la libertad, hacia un lugar en el que puede moverse sin sentir tan de cerca el peso de la mirada ajena.

SALIR Y CALLAR

Sin muchas ganas, Manuel sorprende a su madre (María Fernanda Callejón) y a su padre (Diego De Paula) con una visita que llega antes de lo esperado. Entre ellos y el resto de la familia conformada por otros tres hermanos y una abuela complicada, sobrevuela una discusión sucedida meses atrás, en la cena de Navidad. La escena de la que todos hablan, el elefante en el bazar cuya presencia se siente en todo momento, es la salida del closet de Manuel. A partir de silencios, omisiones y frases hirientes, todos los miembros de la familia buscan, de a poco, ir restableciendo los lazos entre ellos y con la ciudad. Es que Villa Mercedes es la otra protagonista de esta historia.

Rodada en apenas doce días en San Luis y un día en Buenos Aires, Todos Tenemos es el trabajo más personal de Teté. Con apenas 30 años, ya dirigió tres películas: dos ambientadas en su provincia natal y otra enfocada en la vida de un grupo de vedettes de los 80 que tuvieron un comeback en los últimos años de la mano de José María Muscari. Y en esta oportunidad cruza esos mundos, el de la vida de provincia con el de la fascinación por el pop, de un modo más logrado que antes. En una escena antológica, el personaje de Manuel baila al ritmo de Tu Veneno, de Natalia Oreiro, en la habitación de su infancia que está repleta de afiches y recortes de ella y de las Bandana. “Todos esos recortes y toda esa decoración del cuarto son míos, quería poner una canción de ella en la película sí o sí; fuimos cambiando y sacando muchas cosas pero eso no podía quedar afuera. Yo de chico tenía un club de fans de Natalia Oreiro que era medio ficticio porque no tenía socios... Yo iba con mi carpetita y le pedía a la gente de la escuela que se afiliara, pero nadie quería ser parte. Ese club de fans me llevó a hacer una suerte de revista en la que ponía cosas sobre Natalia y sobre música en general y ahí empezó un germen de escritura. Además, soy un gran consumidor de tele desde chico. Primero vino Reina Reech, que fue suplantada por Natalia Oreiro, a la que después le fui infiel por un tiempo con las Bandana hasta que volví a ella”, dice Teté en diálogo con SOY.

El guión de la película le insumió a Teté diez años de escritura y reescritura hasta que se dio el gusto de filmarla en el lugar que la concibió. Y no solamente lo hizo en las calles de su barrio sino que la casa de los Lieto es la de su propia familia. Y su madre, que tiene una casa de ropa en Villa Mercedes, vistió personalmente a María Fernanda Callejón. Un verdadero emprendimiento familiar.

La Callejón, por su parte, le cuenta a SOY que al principio le costaba entender algunas frases del personaje que tenía que interpretar. No le entraba en la cabeza, por ejemplo, que una madre le dijera a su hijo que lo que siente por otros hombres no puede ser amor. “Me crié en un ambiente diverso y tengo muchos amigos gays, algunos activistas, otros no. Y me siento aliada de la comunidad LGBT. Sentía una dicotomía enorme entre el personaje y mi persona”, dice.

EL MARAVILLOSO MUNDO

Aunque Facundo Gambandé tiene la misma edad que el director, de chico no era tan fan de Oreiro como de las Bandana. Vivía con su familia en Córdoba y a veces iba de compromiso a ver partidos de fútbol con su familia, aunque mucho no le interesara ese universo. Hasta que un día su padre le consiguió entradas para el show de las Spice argentinas y ahí sí se sintió en casa. Cuando le llegó la propuesta para hacer de Manuel, aceptó de inmediato y se conectó con Teté desde un lugar de paridad. Los dos están transitando los 30, los dos se criaron en el interior, los dos se fueron a probar suerte a la Capital y los dos tenían cosas para contar acerca del momento en que salieron del closet con sus padres.

Facundo dejó su Córdoba natal para trabajar en Buenos Aires como actor, cantante y bailarín. Consultado acerca de su propia salida del closet, dice: “Lo que más me importaba en ese momento era que mi familia se enterara por mí y poder transmitirles qué era lo que me pasaba. No quería que ellos sufrieran por algo que no me hace sufrir. Y tuve la suerte de que mis papás vinieron a hablar conmigo y no tuve que pasar por ese momento de sentarlos y hablarles para ‘contarles algo’. Tenía 20, 21 años y mi mamá me dijo algo muy hermoso, que fue algo así como: ‘No quiero que se me pase más el tiempo, no quiero que sigas creciendo y yo me esté perdiendo una parte de tu vida’”. Gambandé destaca la importancia de contar con modelos positivos. “Siento orgullo de contar esta historia. De haber visto algo así cuando era chico, me habría ayudado un montón”.

Todos tenemos... es una película que habla de la salida del closet, obviamente, y también de la importancia de sostener los vínculos familiares más allá de los enojos iniciales que pueden surgir en medio de una discusión. Es una película que habla de la importancia de no reducir a nadie a su peor frase. Y de la posibilidad, siempre abierta y siempre latente, de cambiar el dolor por libertad.

Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el closet se estrenó el jueves 12 de agosto en el Gaumont y ya está disponible en CineAr, la plataforma de streaming gratuito del INCAA. 


Fuente:P12

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